La importancia de una Causa



Cuando una nueva Causa es introducida, el proceso es iniciado por el Obispo de la diócesis en donde el candidato falleció. El obispo también reconoce a un grupo de personas que sufragarán los costos del proceso, y estas personas designan un postulador quien se encargará de la primera fase de la Causa, la investigación diocesana. Si la Santa Sede aprueba la apertura de la causa, el postulador prepara un supplex libellus, unas 10 páginas de la declaración del caso inicial para el reconocimiento del individuo como un "Siervo de Dios" -el título dado a un candidato a quien la Iglesia todavía no ha dado juicio.

Entonces, si el obispo diocesano aprueba la declaración inicial, el postulador recopila un expediente escrito del candidato (y, si ellos están disponibles, grabaciones orales) declaraciones, las cuales son sometidas a dos teólogos que los investigan para cualquier signo teológico o de error moral. Luego tres hombres son fijados para la comisión histórica para examinar toda evidencia disponible en la vida del candidato, y para tomar testimonio de los testigos -incluso testimonios hostiles -con respecto a la vida y trabajo del candidato. El obispo diocesano pide al Vaticano mientras tanto un nihil obstat, y la Congregación para la Doctrina de la Fe emprende una investigación separada a fondo de los candidatos para asegurar que no hay nada que podría descarrilar la candidatura. Si todas estas barreras se aclaran, el obispo puede cerrar la investigación diocesana solemnemente, y se detalla los resultados a la Congregación para las Causas de Santos.

A estas alturas la escena cambia a Roma, y si el postulador original no vive en Roma (o no puede moverse allí) un nuevo postulador puede determinarse. La nueva documentación preparada es conocida como el Positio y ha ingresado en la lista de la Congregación para las Causas de los Santos, donde podría esperar 10 años según como la Congregación maneja otras listas de las Causas pendientes.

Cuando su turno llega, el Positio es estudiado nuevamente por una comisión de ocho teólogos. Si dos o tres de esos consultores encuentran evidencia de "virtud heroica" o martirio, el positio se envía a los cardenales y los obispos que forman la Congregación de las Causas de los Santos que se reúnen dos veces cada mes. Si el voto es de nuevo favorable, el caso se envía al Papa, y con su aprobación se emite un decreto reconociendo la "virtud heroica" del candidato o martirio. A estas alturas un mártir puede beatificarse.

Para otros, un requisito más debe cumplirse: un milagro. 
El proceso implica la investigación del informe de un milagro que es tan igual como el complicado estudio de la vida moral del candidato, sólo que en este caso la evidencia es investigada por médicos en lugar de teólogos. Para ser reconocido como válido, el milagro debe provocar una completa y perpetua cura médica, para lo cual los doctores están de acuerdo de que no hay ninguna explicación natural. Una vez que el candidato es beatificado, la aprobación de un nuevo milagro, toma lugar después de la ceremonia de beatificación, aclarando el camino para la canonización. 

Reimpreso de "The Catholic World Report January 2003" con el permiso del Editor.